Mostrando entradas con la etiqueta escritor. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta escritor. Mostrar todas las entradas

sábado, 25 de julio de 2009

Entre otras líneas nos veremos

Una bicicleta se desplaza a unos buenos diez o quince kilómetros por hora a velocidad normal y como a la mitad de esa velocidad cuando lleva a dos personas. Cuando tienes ocho años, tu bicicleta es tu símbolo de estado social. La mía era azul, aerodinámica, bonita pero simple. No tenía los soportes en la rueda trasera para llevar a un invitado sostenido en sus pies y agarrando la espalda del conductor. La bicicleta de mi vecino sí, y por eso me trepé.

"Vamos a probarlos" me dijo un día. Sin mucho criterio, con mucha aburrición, y sin problemas con la vida, me subí y dimos una vuelta. Casi al final de la misma noté que mi pierna sangraba. Golpeé dos veces su espalda para que frenara y con curiosidad revisamos el por qué del sangrado misterioso de mi pierna. Para él era extraño porque yo iba arriba y nadie nos iba disparando munición hasta donde nos podíamos dar cuenta. Y para mi era algo fuera de lo normal porque siempre había asociado la sangre con dolor y en ese momento no sentía nada ni cercano.

Descubrimos que con el proceso de ir arriba y juntar las piernas sin cuidado la rueda actuaba como pelador de piel, y de ahí el sangrado. Nada que una gasa y algo de alcohol para desinfectar no pudieran curar. Pero lo que aprendí con esa herida me sigue hasta la fecha: aún las cosas más indoloras e insignificantes tienen trascendencia. La pequeña pero profunda marca de aquel día sigue en mi piel hasta el momento de escribir esto. Marca como testigo fiel que hace muchos años fui un niño inocente arriba de una bicicleta.

Ahora que escribo esta última entrada para mi blog recuerdo esa experiencia, porque justo este es el momento donde tu espalda recibe mis dos palmadas y te digo que aquí bajo, que necesitas detenerte. Que yo ya no sigo y no porque no quiera, sino porque algo más necesita mi atención.

Soy un chico con suerte, porque desde siempre he sabido lo que me apasiona. He escrito cuentos e historias y - según yo - capítulos de la última gran novela de acción, drama, realismo mágico, etcétera, desde siempre. Soñaba con ser editor del periódico escolar - que nunca tuvimos - y con escribir para revistas sobre temas que aún hoy no entiendo. Y sin embargo el mismo mal que un sinnúmero de personas curiosas experimentan me atacó sin piedad. Aquel mal de la distracción que negaba mi esencia y que me hizo estudiar música, ingeniería, organizar grupos de trabajo, colaborar en un voluntariado internacional, volverme maestro y luego administrador.

Pero yo soy, ante todo, escritor.

Y es que no pasa día u hora en que no escuche una frase que reverbera en mi cerebro y me haga pensar en lo grandiosa que suena para un diálogo imaginario. O estar en una situación donde bajo el cobijo de la espera trate de imaginar cómo describirlo todo: la habitación, la gente, el momento, lo que nos rodea, la circunstancia.

Pero si quiero escribir, lo quiero hacer en serio. Y si quiero hacerlo en serio, el camino no es un blog. Lo dije en algún momento a través de un personaje: la diferencia entre escribir un libro y colocar entradas en un blog es como pintar murales majestuosos y usar acuarelitas de kindergarden con hojas de papel.

Quiero entonces aprender a pintar murales y - quién sabe - tal vez algún día lograr uno hermoso de mi autoría.

Aprendí y me divertí mucho con mi blog. Aprendí que un mismo enunciado leído por cien personas es cien enunciados diferentes. Aprendí eso que un motivador profesional pregona a los cuatro vientos, que hay que explotar las habilidades que la naturaleza te ha dado para sentirte realizado al final de la jornada. No forzarte a ser lo que no eres. Aprendí también que un hombre no es sus palabras y que las palabras nos hacen perder batallas a veces.

Aprendí que quienes me han amado me siguen leyendo.

Me divertí mucho comentando varias de las entradas que dejo aquí. Durante un café, o en la reunión del fin de semana al amparo de las botellas de brandy y cerveza, los comentarios sobre tal o cual de mis notas llegaban con la retroalimentación debida. Me divertí escribiendo para mis amigos, para mis ex-novias, para mis compañeros de trabajo, pero sobretodo, me divertí escribiendo para mi. Ello porque quiero ser mi mejor lector.

No puedo regalar más entradas en el blog, así que por lo tanto regalaré algo de


Insight: 10 comentarios a entradas detrás de cámaras en Saltos Cuánticos.

1)
Corny
Mi primera entrada reflejaba mis sentimientos hacia aquella Eva extranjera que literalmente me cambió la existencia. Comenzar mi blog recordándola era una especie de tributo a nuestra relación la cual recién habíamos retomado luego de algunos años de distanciamiento.

2)
El Pescador
La inspiración para escribir esto me vino un día en la parada de autobus que queda a pocas pasos del acuario más moderno de Latinoamérica. Fumé un cigarro, me senté en el borde que divide el mar con la civilización y recordé a mi abuelo Pedro. La noche era fantástica, tan buena como para proponer matrimonio a alguien, y la luna jamás le hubiese permitido negarse.

3)
Mumedi
Es una remembranza de una linda mañana al lado de Bertha. Fue la última entrada que le dediqué. Curiosamente al cabo de varios meses ella lo recordó y me comentó que casi llora cuando lo lee.

4)
Historia del maquillaje
Fue la primera ocasión en que escribí para divertirme intentando divertir también. Elaboré la idea en poco menos de media hora. Recuerdo cómo las líneas brotaban como sangre de una herida, no podía pararlas. Pensé en hacer de esto un cuento más largo, pero al final me sentí satisfecho con el resultado. Además, creo fervientemente que ésta es la forma en cómo nació el maquillaje femenino. Increíblemente, ésta es la entrada con más lecturas en mi blog.

5)
Lo que el viento se llevó
Fue inspirada en una historia local real: la explosión de un contenedor en al área portuaria que contenía químicos supuestamente tóxicos. Las pláticas con el viejito estilo árabe y el pescador borracho son cien por ciento ciertas. No podía continuar con mi vida sin sentarme a escribir después de platicar con personajes así.

6)
Confía en mi
Es de las entradas que me hacen sentir más orgulloso. Tiene una cadencia que me agrada y el tema es universal. Si tuviese que escoger alguna de mis entradas para hablar por el blog completo, ésta sería una fuerte opción. La historia es real, de aquellos días en Vancouver.

7)
Razones en el desierto me ha dado siempre la impresión de ser la segunda parte de Fin de semana en el bosque. Me gusta mucho poner a los personajes en soledad, meditando y con poca perspectiva. Como ficción creo que me sienta bien.

8)
La orquesta de la vida es hablar más sobre el entorno laboral, las decisiones que ahí tomamos y sus ramificaciones. Soy yo, pensando en mis compañeros del trabajo.

9)
O con la otra y Over, finished, done son una misma historia vista desde los ángulos de ella y él. Parece que a mis lectores les gusta el drama porque fueron de las que más comentarios me generaron.

10)
Me han preguntando quién es la chica del vestido. Me han preguntado si estaba enamorado. Me han preguntado mil cosas a raíz de esta entrada. Sólo diré que la noche ocurrió y la chica existió y que sí, es una historia real en un Otoño tornasol.

Bonus comment)
Cuernavaca y logaritmos, Pacto con el diablo y Fronteras son mis tres entradas más queridas. Todas son historias reales. Las tres tienen gente maravillosa por protagonistas.


Ahora sube a la bicicleta y continua que mi pantorrilla sangrienta no me mató.

Me hizo crecer.

domingo, 25 de enero de 2009

Sobre mi libro

- Tengo el problema de ponerle título al libro. Por ejemplo, hay títulos que empiezan de forma proactiva, con verbos, algo como "Volar sobre el pántano", pero ese estilo no me gusta. Luego los hay que se plantean como interrogantes del tipo "Cómo hacer esta chingadera en tantos días" y los hay de mi tipo favorito, un título armonioso, artístico y directo, generalmente de una palabra. Es llegar a la simpleza de resumir todo un pinche libro con una palabra. Piensa en la maestría, los cojones, la chingonería del tipo que puede hacer eso.

- ¿Y qué títulos has pensado? - tan linda ella.

- No lo sé. Tal vez algún número. Un concepto. Una palabra en latín, esas lucen bien. Y creo que venden bien.

- Y de qué es tu libro. - ¿me la puedo comer a besos y terminamos ésta discusión?

- Todavia no lo tengo.

- Jajaja...¡ah okay!- ah mira...se burla. Cabroncita también.

- El problema de hacer un libro es que puedes escribir cualquier mierda e intentar con ahínco ser publicado. O te puedes tomar tu tiempo y escribir algo decente y esperar que las fuerzas del universo vengan a ti para publicarte. Creo que soy de la segunda opción. Ahora, otro problema es tener una idea original, o muy buena, o la habilidad para hacer de un tema común algo bello y narrarlo en formas inéditas. Ser intenso es a lo que aspiro.

- ¿Qué ideas tienes? - poniendo su puñito cerrado cerca de sus carnosos labios y bajando un poco el rostro para concentrarlo en su café.

- Muchas. Ese es el problema. Pero ya llegaré a algo.

Sé que lo haré porque las entrañas nunca engañan.

miércoles, 24 de diciembre de 2008

Reflexionando en vacaciones

He escrito muy poco en estos días. Es como si me hubiera secado, como si las palabras que vienen a mi también hubieran tomado su equipaje, puesto sus lentes de sol, navegado en Internet para comprar sus boletos de avión y abandonado a este intento de blogger constante.

Trato con todas mis fuerzas de encontrar un tema o una idea y ponerla aquí al mínimo pretexto. Pero ahora me doy cuenta que ese es un error táctico grave: no puedo forzar mi escribir, de la misma forma que tampoco forzas a alguien a que te ame. Simplemente no resulta, no resultará y no tiene razón de ser.

Una de las cosas que pensé en escribir era sobre lo que la gente hace o platica en mi larga y curiosa calle. Y me refiero a la gente que la transita, aquellos que no conozco y que son invitados a vagar, correr, sufrir o pasear por mi territorio. Mi calle es mágica y si te tomas el tiempo de recorrerla de extremo a extremo podrás conocer todo sobre orografía, urbanismo, arquitectura, aspectos sociales y culturales del México moderno. Y no exagero. De alguna forma el gran diseñador del universo hizo que la calle desembocara en el mar bajo la luz de que es lo único que podría recibir tantas historias de una calle vertidas como si drenaje fuera.

Y todo eso voy observando a paso lento cuando el señor de sombrero, con muy buen tono, aspecto campesino y cara de sabio me pregunta la hora. Le respondo. Me da las gracias. Y así terminamos nuestra relación fugaz que no sabemos si podría haber cambiado el mundo. Como la tuya y la mía.

Creo que inspiro confianza. O a lo mejor tengo cara de buena gente. O es eso o mis ciento noventa centímetros de altura llaman ridiculamente la atención y por eso soy el elegido casi siempre para la cuestión de la hora y las calles.

La hora. Es que siempre me preguntan la hora. Mi reloj no es verde fosforescente, ni saca chispas, tampoco hace "ruiditos" y mucho menos brilla. No me lo gané en una caja de cereal. Es un reloj pesado, de marca, común y corriente, que cualquier tipo de mi edad trae. Y sin embargo, todos los días religiosamente un desconocido se cruza conmigo, ve mi muñeca, sonríe y me pide la hora. Todos los días. Yo, que soy tan pinche amable, siempre doy la hora en el formato más exacto posible: "son las once dieciocho". Listo. No "once veinte" ni "once y cuarto" o "son como las once y...quince". No. "A tiempo y con precisión" es mi eslogan de servicio de reloj ambulante.

Y al menos una vez por semana un conductor con cara de frustración se acerca a mi y pide orientación para encontrar desde el castillo de la ciudad hasta la bóveda secreta de una casa antigua en el centro. Esta última dirección me la reservo y en su lugar los envío al café más tradicional de la localidad. Así al menos si siguen perdidos, pueden comer y beber algo a gusto.

Pero como les decía, pensé en escribir sobre todo lo de arriba y algo me decía que no. Que fuera paciente y que la inspiración llegaría para publicar una entrada algo un poco más digerible. Si así fue o no, tú lo decides mi querida lectora anónima (en femenino, para apoyar eso de la equidad de género que tanto sufre en nuestro idioma.)

De pronto, en esa reunión con las personas más grandiosas del planeta, uno de ellos, listo y parco, me planteó la pregunta.

Si el dinero no fuese factor, ¿a qué te dedicarías?

Y esa pregunta provocó la ignición. Abrochen sus cinturones. Mach 1. La vida es bella.

Preguntar algo así puede resultar irrespetuoso si no conoces a la persona. Resulta una manera muy velada de indagar sobre sus frustraciones y traumas laborales, personales, económicos, etc. Vaya, alguien con menos educación te preguntaría si consideras que tu trabajo es una mierda. Alguien agresivo te obligaría a reconocer que no sólo tu trabajo es una mierda, sino que tu vida entera lo es y que resultas patético por no hacer nada para cambiarla.

Mach 2. Aquí sientes que los oídos te zumban y que tu visión periférica se ha reducido un buen setenta por ciento. Luego te das cuenta que no lo sientes, sino que así es. De mis días como piloto de combate altamente especializado recuerdo esto. Afortunadamente los familiares de los pilotos de los Mig-23 rusos que derribé desconocen mi identidad. Ya he sido perseguido por el ex-novio ruso de una ex-novia mía y sé que no son tipos agradables cuando se enojan. Larga historia. Otra entrada otro día mis estimados.

Afortunadamente estaba con las personas más grandiosas del planeta como ya les dije. Y al preguntador lo invité, como responsable de una cuestión profunda, a tener la putisima amabilidad de contestarla primero. Y así lo hizo. "Estudiar" dijo él. Iba a escupirle mi copa de whisky pero recordé al instante mis modales y en su lugar complementé su idea diciendo "estudiar es tener curiosidad".

Mach 2 y cachito. Los controles vibran. No tengo copiloto operador de instrumental. Me sería útil tenerlo porque así evitaría muy probablemente terminar hecho mierda sobre el espacio aéreo de Groelandia cuando los cabrones chicos Mig se juntan para darme una paliza.

Yo respondí que me gustaría ser alguien de letras. Escritor, articulista, columnista, etc. Le conté cómo mi blog me ayuda en esa ilusión y cómo desde niño, cuando soñaba con encargarme de periodicos murales y luego editar una revista para estudiantes y cosas así, había descubierto mi vocación. ¿Por qué no me volví eso? Aún estoy a tiempo.

Pero me gusta enseñar. Transmitir cosas a la gente es también una pasión. ¿Entonces qué soy? ¿Escritor, maestro? Me gusta la tecnología también. Me gusta viajar. Me gusta ser gastrónomo, lector, corredor, fumador, crítico de cine, investigador (I. diría que por chismoso). Me cuesta trabajo la definición.

Pero creo que escritor soy. Fue lo primero que vino a mi mente ese día con la pregunta de L. Después de todo, el día que llegue a serlo, ya habré pasado por todas las experiencias de los oficios, técnicas y profesiones que escribí. Y entonces tendré algo digno que decir.

Mach 3. Apago el videojuego. Esas son mamadas.

Y luego, unos días más adelante, cambio de escenario, nueva gente en el show continuo de las reuniones navideñas. Y otra pregunta invitante, cortesía del gran MM.

¿Tu legado hasta ahora?

La escuela preparatoria en la que me enrolé fue donde durante tres años conocí el lado obscuro de la vida. Comentar mis (des)vivencias ahí es tema de varias entradas en este blog. Entradas que se irán dando. Baste decir que eramos el grupo de cincuenta pseudo-estudiantes más insoportable, indisciplinado, peleonero, y con peores mañas en un radio de unos ochocientos kilometros a la redonda. Lo digo con orgullo porque sobreviví a ello a pesar de todo.

A ellos, a la gran mayoría, yo les enseñé a jugar ajedrez. Hicimos competencias. Uno, que ahora es parte del grupo de gente más extraordinaria del planeta, osó ganarme al darse inmediatamente cuenta que yo no era más inteligente que él, sino quesimplemente había aprendido el juego una década antes y practicado como por la mitad de ese tiempo. Hoy en día sigue siendo un gran rival en el tablero.

Ese es un legado que he dejado. Algún día, si es que no ha ocurrido, esos tipos a los que enseñé las artes de reyes, alfiles y peones, instruirán a su vez a sus chiquillos y entonces sabré que minúsculamente cambié un poco el mundo de alguien que no conocí. Y para bien.

OK. Lo prendemos de nuevo. Mach 3. Esto es tan veloz como la fuerza aérea me lo permite sin tener el clearance adecuado para piloto de aviones prototipo experimentales. Algún día pilotearé uno de esos juguetes costosos. Es fácil ir así de rápido. Presurizas la cabina una diez veces más. Activas ciertos seguros. Dictas cuatro comandos de voz, tecleas un par de códigos, arrastras tres interruptores, aprietas tus genitales para sentir que sigues vivo, te persignas e impulsas el joystick.

Y te vas rápido y muy lejos sin nada delante de ti. Y a veces eso es todo lo que se necesita en vacaciones.